jueves, 25 de septiembre de 2014

Ana, ¡Corre!

Para todos era un día normal, pero Ana sentía que ese día todo iba a cambiar.
Todo comenzó con su rutina diaria, pero al entrar a la escuela, saludó a su mejor amigo, y sintió una mirada intensa detrás de ella y vio a un chico que la miraba fijamente, y ella lo enfrentó con la mirada.
Aquél chico era alto, moreno, ojos azules y pelo crespo, y vestía con pantalones negros apretados y una chaqueta negra. A pesar de que le parecía conocido, no pudo acordarse hasta después de que lo miró por un minuto: era el chico que la perseguía por todas partes y gracias a él se tuvo que cambiarse de ciudad, por lo que ella le temía, y después de cuatros tranquilos años él volvía. En su mirada amenazante había una pequeña luz de alegría y Ana no soportó más.
Caminó directo al director de la escuela y detrás su mejor amigo, y este no entendía que pasaba, pero ella estaba lo sufientemente enojada como para explicarle en ese momento; en realidad ella estaba asustada.
Al conversar con el director ella le contó todo: ese chico era Fabricio Oliveira, quién padecía esquizofrenia, y a ella la perseguía por todas partes, para según él, asegurarse de que ella no lo engañaba con otro, porque para él, ellos tenían una relación amorosa, y éste le mandaba mensajes de amor todo el tiempo y le aseguraba que mataría a quién se acercara a ella, para que nadie se interpusiera entre ellos y que los dos se amarían por siempre.

Desde ese día, a Ana se le perdió todo rastro y su mejor amigo fue el último en estar con ella, pero no se acuerda de lo que pasó, ya que lo encontraron herido en el bosque, y por poco muere. Y se busca intensamente a Fabricio Oliveira por todo el condado.

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