Para todos era un día normal, pero Ana sentía que ese día todo
iba a cambiar.
Todo comenzó con su rutina diaria, pero al entrar a la
escuela, saludó a su mejor amigo, y sintió una mirada intensa detrás de ella y
vio a un chico que la miraba fijamente, y ella lo enfrentó con la mirada.
Aquél chico era alto, moreno, ojos azules y pelo crespo, y
vestía con pantalones negros apretados y una chaqueta negra. A pesar de que le parecía
conocido, no pudo acordarse hasta después de que lo miró por un minuto: era el
chico que la perseguía por todas partes y gracias a él se tuvo que cambiarse de
ciudad, por lo que ella le temía, y después de cuatros tranquilos años él
volvía. En su mirada amenazante había una pequeña luz de alegría y Ana no
soportó más.
Caminó directo al director de la escuela y detrás su mejor
amigo, y este no entendía que pasaba, pero ella estaba lo sufientemente
enojada como para explicarle en ese momento; en realidad ella estaba asustada.
Al conversar con el director ella le contó todo: ese chico
era Fabricio Oliveira, quién padecía esquizofrenia, y a ella la perseguía por
todas partes, para según él, asegurarse de que ella no lo engañaba con otro,
porque para él, ellos tenían una relación amorosa, y éste le mandaba mensajes
de amor todo el tiempo y le aseguraba que mataría a quién se acercara a ella,
para que nadie se interpusiera entre ellos y que los dos se amarían por
siempre.
Desde ese día, a Ana se le perdió todo rastro y su mejor
amigo fue el último en estar con ella, pero no se acuerda de lo que pasó, ya
que lo encontraron herido en el bosque, y por poco muere. Y se busca
intensamente a Fabricio Oliveira por todo el condado.
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